Remendando

La escuela secundaria número 112 estaba casi frente a casa de mis padres, había que caminar solamente una cuadra hacia la salida del callejón en el que vivíamos y allí estaba, entera, con sus 3 edificios de tres pisos cada uno, sus paredes de ladrillos rojos y unas vigas de metal gris sosteniéndolas. En tercero de secundaría yo asistía a una escuela con bachillerato privado; la escuela estaba bajo el control de una orden de sacerdotes maristas que vigilaban a los  hijos de estas familias pequeño burguesas, con esas miradas de halcones poseedores de la ley verdadera e incorruptible. A los catorce años empecé a fumar, me escondía en los últimos jardines del bachillerato, justo atrás de los laboratorios de química y, muy ufana me encendía los cigarrillos Raleigh que le había robado a mi padre del refrigerador, una tarde uno de los padres maristas me encontró fumando y me expulsó de la escuela, mi padre parecía demasiado orgullos de mí como para sancionarme de la manera en que mi madre hubiera querido, así que dejó caer sobre mí la amenaza de que, si no enmderezaba el paso, me sacaría de la escuela privada para meterme en la secundaria 112, una secundaria de pública –o de gobierno, como las llamamos en mi ciudad. Yo no corregí el paso, antes bien lo aceleré para irme a anadar por las brechas sinuosas sembradas de prohibiciones rotas y, al final del año escolar, mis notas eran tan bajas en las pocas materias que había aprobado, que los padres maristas decidieron mostrarnos la puerta de salida como uin remedio para salvar al buen rebaño de mi nefasta influecia. Yo era el final del éxodo de al menos 4 estudiantes de mi generación con las que había establecido una de las amistades más duraderas de mi vida, ellas se fueron a otro colegio privado antes de terminar el año y yo, como castigo fui a parar a la Secundaria pública número 112. Me dolía no haber conseguido que mis padres me inscribieran en la misma escuela que mis amigas, pero justamente ellos trataban de evitar eso, que yo siguiera en el camino desordenado que había hecho con ellas.

Así que al terminar las vacaciones, vestida con mi uniforme gris a cuadros y mi suéter verde, me encontré en esa secundaria que yo había visto cada dia a lo largo de mi vida, ahora era una más de esa bandada de estudiantes uniformados que tanta incomodidad nos había causado siempre al pasar en auto frente a la secundaria.

alumnos_secundaria

Estaba parada en la entrada de la escuela cuando el timbre sonó a las 7:45 am, las hordas de adolescentes entramos con un murmullo descomunal, todo era inquietud y hormonas, empujones y risas, miradas uriosas, poco a poco los grupos fueron separándose ym, sguiiendo las instrucciones del altavoz, fuimos acomodándonos en flia según nuestra pertenencia, yo estaba en el 3ero E y allí, entre esta marea de jovenes ruidosos y uniformados, me descubrí sonriendo, sintiéndome por primera vez total y descaradamente ajena a la realidad, al parentezco y a los usos y costumbres que había tenido a lo largo de mi vida.

La rutina me trajo cosas sorprendentes, mi grupo estaba formado por casi 30 adolescentes con quienes pude entablar una buena relación casi inmediatamente y, en el 3C había una chica que había estudiado en el mismo colegio privado que yo y que había tenido el mismo castigo que yo, solamente que ella lo veía como una gran desgracia mientras yo no tenía ningún juicio al respecto. Ella pasó momentos infernales en esta escuela pero, lo que le agradezco de veras, fue que descubrió que los profesores comían en una pequeña cocineta propiedad de la conserje de la escuela; allí, la sonriente doña Renata preparaba almuerzos deliciosos que cobraba tan barato a los profesores, que nosotras pronto pudimos sentarnos a comer allí cada mañana, a eso de las 11. Recuerdo bien la estrecha mesa con forro de plástico de colores, clavada en una hondonada al final del patio de la escuela; recuerdo los chiles rellenos, las enfrijoladas, las sopas y los tamales que Doña Renata preparaba pero, sobre todo, recuerdo la extraña sensación de estar entre dos mundos, allí sentadas desafiando a los maestros de la escuela con nuestra mera presencia y separándonos de nuestros compañeros de clase por el mismo hecho de estar allí. Una brecha entre los dos mundos, un remiendo más de esta memoria pasajera que a veces me arroja a la realidad desde algún espejo empolvado.

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Acerca de Alba and the crazyscientist

Me gusta escribir, siempre escribo... pedacitos de papel al aire... que usualmente contienen las más variadas y bizarras experiencias de mi relación con el científico loco... and just to honour my beloved friend Naomi who, becoming a tool of the crazy scientist (I wonder if she knew), push me softly into the Blog Era, I will translate this absurd profile status: I like writing, I always write, little papers in the wind that usually have the most bizarre and various experiences of my relationship with the crazy scientist...
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Una respuesta a Remendando

  1. Samanta dijo:

    Amiga, siempre es una delicia leer tus “locuras” te extraño!

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