La búsqueda del Tesoro

  1. Encontrando el tesoro

Philipp está junto a mí, me dicta con mucha seriedad una historia que yo intentaré reconstruir en español. Su cuerpo delgado se recarga cómodamente en el escritorio, mientras que su mano derecha juega nerviosamente con el mouse de la computadora, intenta descifrar las miles de palabras que mami escribe en el ordenador.

Cada párrafo le emociona un poco más y me explica en su español truncado con palabras mal pronunciadas del alemán, lo que sigue. Se revuelve un poco molesto al ver que yo subo de párrafo y me aclara que aún no ha terminado, que me equivoco y, tras suspirar, pone su carita sobre la mano que se apoya en el escritorio y me espera.

Recién llega mi León, mi segundo hijo que inmediatamente se suma a esta historia de equipo, lo hace con su estilo estresado y apurado, exigiendo participar inmediatamente y, al tiempo, quejándose por no comprender de qué va la historia.

Recién terminando el primer capítulo de la historia, los pequeños ya han perdido interés, se revuelcan juntos en la cama, luchando y pateando, trenzados en una competencia eterna que su vida como hermanos les ofrece experimentar. Yo los miro y, con los ojos enrojecidos por la mala noche que pasé, les decreto que por hoy es suficiente, el capítulo segundo deberá esperar hasta mañana. Protestas apagadas y nuevos juegos por jugar les acompañan, salen de mi habitación y desde aquí escucho el nuevo juego, la historia de piratas que se vive en un mar de Philiplandia, no muy lejos de mí.

Capítulo 1. En el bosque

Había una vez 40 ladrones que un día decidieron entrar al bosque; para su sorpresa, el bosque tenía una gran puerta dorada que cerraba el paso a los visitantes. Consultaron entre todos para ver quien llevaba un martillo, pensaban intentar romper la gran puerta. Dossein llevaba un martillo, lo tomó con mucha fuerza y lo arrojó contra la puerta. Pero la puerta no se rompió, ni siquiera le hizo una pequeña marca.

Los 40 ladrones estaban desanimados pero, para su suerte, tres cazadores aparecieron. Los cazadores cargaban 30 martillos y, muy amables, se los prestaron a los ladrones. 30 fuerte ladrones tomaron los martillos y los lanzaron al mismo tiempo contra la puerta. Pero la puerta otra vez no se rompió, ni siquiera un poquito. Todos se enojaron muchísimo. Pero, para su suerte, en ese momento llegaron otros 14 cazadores.

Estos 14 cazadores traían 1000 martillos más. Los cuarenta ladrones, más los primeros cazadoes y con los últimos 14 tomaron los martillos y, después de tomar mucho aire y poner toda su fuerza, lanzaron 57 martillos. Cuando la lluvia de martillos llegó a la puerta, ésta se abrió sin haberse roto ni un tantito.  Después entraron todos juntos, ladrones y cazadores. Apenas si habían dado unos cuantos pasos cuando un lobo gigantesco, gris y con grandes colmillos saltó frente a ellos. Tal fue su susto que todos salieron corriendo despavoridos. La puerta se cerró tras ellos.

 

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no hay palabras

En el atardecer la luz es mucho más brillante, casi es mágica. La luz que rodea la vida y las nubes se pone de color rosa y los naranjas incendiados del sol se funden con rojos y dorados y líneas blancas y azules que comienzan a desaparecer. Este cuadro de colores cambiante y fuerte nos entrega muchas veces reflexiones que parecen proceder de conexiones mágicas con el cosmos, o simplemente, de la serenidad y la paz mental que fue posible alcanzar en ese momento.

Como el atardecer es la vida a los cuarenta, es ese revoltijo de colores y pasiones, de luces y certezas que va llenando cada uno de nuestros actos.

Para tomar una cosa nueva debemos abrir las manos y soltar aquéllo que hemos agarrado antes, es difícil aceptar que nuestras manos son finitas y que les falta fuerza y tamaño para agarrarlo todo; yo he abierto mis manos y se me ha ido escurriendo poco a poco el trabajo que hacía cada miércoles en mi pequeñísimo salon. Abrí las manos y el viento entrometido se encargó de hacer volandas con mis horas de regocijo y de atención. Hoy estoy de luto yo también.

Hasta un par de años yo era un torbellino, un gran cono de viento poderoso que cruzaba las laderas del mundo con fuerza y con pasión, ahora el torbellino ha descendido , se ha enfriado y trata de ser brisa suave que acompañe la siesta de los niños y de las vidas en flor. Quiero ser suave para rozar el mundo imperceptiblemente. Quiero ser amable con los ojos que me topo cada mañana en el espejo, así, sin torbellinos que se agiten y me impulse, antes bien la pura luz de la mañana que se augura en el fuerte atardecer. Y tambiés estoy de luto porque sin la fuerza del torbellino a veces no me movilizo, me quedo detenida frente al teatro del mundo y me niego a jugar ni una obra más. Entonces el viento me envuelve en esa certeza silencio de no poder ya nunca ser parte de esto o de aquéllo o de lo que sea más.

En este atardecer percibo que mi vida se acomoda en un orden que nunca me imaginé, pero la luz dorada y roja de las nubes me inunda las ventanas. No hay palabras.

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Amiga

Ya pasó el tiempo amiga, ya se nos han muerto nuestros padres. Recuerdas los tiempos en que yo visitaba tu casa y subíamos corriendo las escaleras hasta tu habitación? allí escuchábamos Depeche Mode y leíamos textos de algún famoso escritor, nos encontrábamos en las diferencias y nos platicábamos entre risas nuestros sueños de juventud. De qué tanto hablábamos? Horas y horas invertidas en un arsenal de pequeñas experiencias y grandes sueños. Recuerdas que me perforaste la oreja con un compás?

Ahora ya no podremos hacer esas cosas nunca más, las músicas se han quedado guardadas en viejas cintas que nuestras grabadoras se niegan a tocar; las casas de la juventud están temblando en sus frágiles cimientos, recubiertas por un moho sutil y polvoso; las escaleras llevan a pequeños desvanes, almacenes imporvisados de la historia familiar; ya no están nuestras camas, o si están, se encuentran sepultadas bajo los adornos de la navidad, grandes cajas desvencijadas que nadie abre ya.

Hace tres años que regresé a mi país natal, regresé para despedirme de mi madre y también me despedí de todo lo demás. Nunca supe cuánto la quería hasta que se fue. Un lugar común de la historia de la humanidad, pero tan real. Sin embargo con los años me encuentro a veces charlando con su sombra en la oscuridad, su partida es algo que por momentos casi olvido, su presencia es ahora muy actual. Mi madre es paradigma y reflejo porque a ella le dirijo esas dudas y preguntas que no interesan a nadie más. Supe que tu padre tampoco está en este plano terrenal. Lo recuerdo tan bién, esos gorros de lana apretada y su suéter de Chinconcuác. Arreglando autos, moviéndose siempre con sus chinos y maestros, devoto de toda su tribu familiar. Un ejemplo de buen humor y de ideas grandiosas, me parecía siempre que combinaba con mi padre, nomás más activo y terrenal.

Cuántas aventuras tuvimos juntas, cuántas quisiera recuperar; me esfuerzo por traerlas a la memoria y me vienen imágenes a gran velocidad; la puerta de tu casa, los perros, los colores, la comida deliciosa de tu mamá. Esos romeritos! para no olvidar y mira que hace casi treinta años desde aquélla idílica vida. Hoy ví tu página en internet y los recuerdos me cayeron como lluvia, hoy te honro mi querida amiga y te agradezco esa fuerte y alegre amistad.

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Dolor

Desde el centro del dolor logro detener el mundo… nada tiene la misma intensidad, nada me interesa lo suficiente como para encallar el entendimiento en esta isla. Desde el dolor se vive en la bestialidad, no hay paradigma justo ni argumento verdadero, solamente se siente se fuego que estalla y nos revienta las articulaciones. Desde el dolor hay el silencio de la muerte y la vaciedad de sus ojos, todo espasmo silencioso detona una batalla de lágrimas silenciadas. Desde el dolor la vida se vive en tonos grises, el calor agobia, los niños solamente pueden murmurar… la fortaleza de la madre se derrumba, no los cargas, no eres columna de la vida que sostiene su jugar.

Desde el dolor la poesía adelanta un paso a la fila de los mudos, se antepone a la coraza que rellena el cartón del mundo, desde el dolor se ansían los amados, la pajarita brillantina ya no está en ningún lugar… hubieras venido a verme, verdad?

El dolor es también amigo y maestro, guía de la paciencia y del enfoque, líder la risa que estremece el área que se encoge sin parar. Desde el dolor llamo tu nombre, como siempre, y me responde el eco cristalizado de la luna en el ocaso del mundo. Complicado, desde el dolor quiero hacer uso de un lenguaje complicado porque mi discurso no busca clarificar. Ni siquiera me interesa compartir, no hy a quién. Solamente vierto mil palabras que rebotan con sonido a percusión.

Desde el dolor saludo a la musa agazapada, a la que habla de los límites y del amor, en este canto no hay locura, amada mía, hay un canto de pasión oscura que sabe a sangre y a carbón.

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Yo te amo

Mi mejor amigo! el carnalito Henry

Yo te amo

en el tiempo trastocado

de mi existencia.

Yo te amo,

palabras que retocan

los atardeceres nublados.

Yo te amo

con la mano suave y

con el pensamiento

con la sangre

con la mente

y con el suave viento.

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de sueños…

Estaba soñando… una cascada de agua pura y azul bajaba por mi espalda, yo era el suelo de los ríos, la brisa que envolvía todo, las hierbas que rodeaban el camino y que se transfiguraban en hadas voladoras. Yo llevaba luz y en ramilletes, mis palabras coloridas se desparramaban sobre el mundo.

Estaba soñando que mis hijos reían y reían mientras el carrousel giraba, que la música que traigo en el alma los llenaba, que los dulces de algodón flotaban junto a ellos y bastaba estirar una manita para arrancar un buen bocado, soñaba que yo era su sabor, que toda yo era azúcar que se derretía en su boca y que explotaba en sus cuerpecitos, toda fuerza, toda luz, toda color.

Yo soñaba que era el tronco al que se abrazaba tu cuerpo enfebrecido, que mis raíces brotaban y se movían con el contacto de tu ser; soñaba que nos sosteníamos juntos en un equilibrio maravilloso en la orilla del mundo, donde ya no hay nada y no hay luz ni oscuridad… donde el silencio supremo nos llenaba el alma y el amor era fruto jugoso que nacía entre los dos.

Yo soñaba… mi amor.

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hijito hermoso

Amaneció temprano en casa, mi hijo el mayor despertó contando número en alemán, a lo lejos su vocecita me despertó “eins, zwei, drei” y pensé que hablaba dormido, es que siempre lo ha hecho… no, pero no él, el pequeñito; entonces desperté un poco más y puse atención, estaba repitiendo sus números con una calma dulce de estudiante de pocos años. Creo que él mismo se escuchó y se terminó de despertar, de pronto apareció en el marco de mi puerta, flaquito y despeinado, preguntándome la hora, quería desayunar y yo, yo quería dormir.

Verdad que tener hijos es una evento increíble? un estado del ser inaudito, Para mí, eterna impaciente, neurótica implacable, controladora tenaz… mis hijos son una joya que quisiera pulir con tanto amor y paciencia y que, finalmente, prefiero contemplar de lejos para no afectar su luminosidad.

Abro mi edredón e invito a mi hijo a acostarse a mi lado, sus bracitos rodean mi cuello y su cuerpecito tibio se me pega con amor. Lo huelo profundamente, le acaricio la mejilla, lo beso. Siento mi alma enternecerse como suave amanecer, no puedo mantener los ojos cerrados y lo observo, veo cómo intenta dormir, apretando sus ojitos mientras su boca se tuerce aguantando una sonrisa. Abre los ojos de golpe y me ve mirándolo. La sonrisa se me escapa, se rie también y nos tapamos la boca como niños, papi duerme a un lado, su hermanito en el otro cuarto comienza a despertar. Vaya complicidad alentadora que me agarra en este día, domingo travieso de pasteles y televisión… es que claro, tras la risa, viene el salto, se va corriendo hacia la mesa, saca afanoso los cereales y la leche y la fruta y los platos y cubiertos y … me llama, bajito, me llama, para que lo acompañe a desayunar. 8.00 am. Domingo, esto es ser mamá.

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Vaciedad

Es que estaba cansada, la pluma ya no era aliada fiel sino cruel inquisidora y el amante de antes, ahora ronca a su lado con su cara angelical; estaba cansada de la impotencia, de esa marea de emociones que la avasallaba cuando debia pararse en el mundo y caminar. No hay remedio, piensa la mayor parte de las veces y eso que ella no solía pensar así, “todo puede ser cambiado” era una de sus máximas de vida, pero estaba cansada, muy cansada… se sentía como esas ratas a las que meten en unos círculos que deben empujar al infinito… la buena nueva para las ratas, es que ellas creían correr libres persiguiendo un pedazo de comida, mientras Mariana estaba segura de que ella corría y corría porque no había otra salida a su locura vital.

Tomó otra vez el libro entre las manos, reacomodó los cojines y suspiró, hacía mucho tiempo que no gozaba los momentos luminosos de la escritura, esa mezcla de humor ácido y desesperanza se apoderó de ella otra vez, ni la lectura de esta novela tan interesante podía disuadirla de sentir rencor por el autor que ya había parido un libro, un rencor puro, infinito y negro como pozo en el desierto… pozo seco. Ella estaba seca, seca por dentro y por fuera, el cuerpo seco, la boca seca, la mente seca. No hay ideal que alcance a humedecerle la mirada, ahora el verdede sus ojos se mezcla con la irritación constante de su mirada, las venas le palpitan temblorosas avisándole de un posible ataque de ansiedad. Quisiera poder dormirse, mira fijamente a Roco, su pareja desde hacía casi 4 años, lo mira con ese amoroso desinterés que le suscita desde hace un par de meses… tan bueno y tan ajeno a mí. No le indigna el fin inminente de esta relación, la indigna la pereza incontrolable que siente, el aburrimiento y la flojera que le vienen de pensar en buscar otro apartamento, de realizar el salto y pedirle a Roco que se calle. Ahora está acostumbrada a sonreirle misteriosamente mientras él charla cuando están juntos, se rasca la cabeza y piensa en esta situación, en la virtud de la paciencia y la tolerancia que seguro son motores que mantienen a flote más de una vieja historia de amor. Qué patético. La sensación de mariposas en el estómago es un viejo cuento medieval. Ella ya no siente eso, ella es una sombra que flota mientras Roco habla de sus empresas y sus actividades, ella da volteretas en su mente, se hace un poco más oscura y él, mientras tanto le ofrece una copa de vino para gozar. Mente, detente, se grita en silencio Mariana que viste pijamas de lana. Mente déjame volar!

La semana empezó con buena cara, Roco tiene que viajar por toda la península ibérica y ella podrá guardar la sonrisa y el espacio para sí. Toma sus notas arrugadas y sale sin estar segura para dónde va. Es dueña de sus pasos temblorosos y su rabia; es dueña del espacio de infinitas regresiones que habita en soledad. Es dueña de su cuerpo y le importa un rábano el orden de las cosas, los contratos temporales y las letras de su auto por pagar. Hoy solo le queda espacio en el alma para un grito agudo y penetrante que silencia con un vaso de mezcal.

Corre, como loca corre la Mariana, la gente que la mira solo ve un vendaval. Ella tiene las dos manos cubriéndole la boca: mundo, muerte, corrupción, pereza, desamor, deslealtad, vacíos y olvidos, informaciones veraces, falsas e inventadas, niños, hambre rojo incendioluchamuertesoldadosde la bestia sociedad, y se muerde los dedos deseando que sus piernas aguanten un poco más, mundo me dueles, me dueles me desgarras, mundo ya no podemos volar que no te das cuenta, mundo de la gente, del dinero de los precios y baratas, de la trata, los secuestros, las injurias y la vaciedad… corre y corre la Mariana con sus manos temblorosas que apenas un grito ahogado alcanzan a tapar y a lo lejos llega grande, el metal feroz de la bestia balnca que corre con zumbidos y sonidos y truenos de metal. Adios ahora me despido, Roco ya no tienes que lavar… he dejado todo suspendido y ahora me dispongo con mi grito a despegar.

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sin salvavidas…

He dejado la pluma de lado, adormecida mientras la vida me lleva a toda velocidad, o mientras yo voy a toda velocidad por la vida. Desde mi cama miro de reojo hacia la pluma, avergonzada repienso las miles de frases y situaciones que ameritaron un escrito en el último año, busco concienzudamente las palabras para unirlas en un collar y no logro encontrarlas, las hay altisonantes y aburridas, demasiadas descripciones, muchas referencias a mi misma y mis pequeño y repetitivo mucndo emocional, así que me despido del intento y asomo la cabeza a la ventana, salgamos, hay tanto por hacer.

Cuando escribes como terapia, las palabras son tu salvavidas; hace casi un año que no escribo nada y que me siento ajena a la belleza de la narrativa cotidiana que tanto amo. Me pregunto sobre el origen de la fuerte indiferencia o de la parálisis redactora y mis ojos solo pueden ver una niebla que desemboca en recuerdos añejos y situaciones inconexas. Soledad y vacío.

Estoy demasiado ocupada jugando a estar ocupada, no he dejado espacios para la escritura lúdica y seductora, me he encerrado en el discurso para conseguir patrocinadores, en los encuentros concertados , en el orden y la planeación, actividades puramente adultas que van secando la mirada y la gana de narrar.

Aunque también, para ser honesta, me he vuelto aficionada a los ratos de silencio, a los juegos de mesa con mis hijos y las largas caminatas matutinas por el bosque cerca de mi hogar. No encuentro placer en narrar cosas que a naie le interesan, los amigos están lejos, los cercanos viven vidas de hoy y de prisa sana en esta bella ciudad; postales de un pasado en común, fotos blanco y negro amontonadas bajo mi cama, algunas notas que he guardado celosamente en un cajón. Y la vida se me va llenando de vacíos desde que he depositado una flor en tu sepulcro mamá. Ayer ha muerto alguien más de mi sange y yo por un momento no podía respirar, pensar en su dolor de muerte, en el fuego ardiend, en el terror que tuvo que sentir. Ese terror de saltar al vacío cuando uno se había levantado sabiendo que este era solo un día más. Ha dejado a dos hijas, y no la dejo de pensar.

Y la luz, por otra parte, me persigue. Me cierra los vacíos y me sana las oscuridades sin previo aviso, no hay heridas supurantes que resistan la fuerza de la luz, ni siquiera la rabia que me llega de quién sabe donde, esa se me va. Los espejos me regresan una cara sonriente, mis hijos me atraviesan la piel en un segundo, las nubes de los cielos estructurados se elevan imponentes frente a mí.

Es que la vida es este mosaico que no deja de asombrarme, la vida es este río que fluye sin moverse, que me marca las orillas y me cambia los recuerdos; la vida es esa inmensa alberca a la que yo salto sin mirar, en pleno aire antes de golpear al agua, a ciegas tiento mi cintura y veo que no traigo salvavidas pa’ flotar…vaya, que no sé nadar. Esa es la vida que me toma y me hace suya cuando estoy inerte junto al mar. Y las tristezas, los olvidos, los logros y los miedos no tienen la menor importancia, son las olas que se mecen las que me traen alegría y seguridad.

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Remendando

La escuela secundaria número 112 estaba casi frente a casa de mis padres, había que caminar solamente una cuadra hacia la salida del callejón en el que vivíamos y allí estaba, entera, con sus 3 edificios de tres pisos cada uno, sus paredes de ladrillos rojos y unas vigas de metal gris sosteniéndolas. En tercero de secundaría yo asistía a una escuela con bachillerato privado; la escuela estaba bajo el control de una orden de sacerdotes maristas que vigilaban a los  hijos de estas familias pequeño burguesas, con esas miradas de halcones poseedores de la ley verdadera e incorruptible. A los catorce años empecé a fumar, me escondía en los últimos jardines del bachillerato, justo atrás de los laboratorios de química y, muy ufana me encendía los cigarrillos Raleigh que le había robado a mi padre del refrigerador, una tarde uno de los padres maristas me encontró fumando y me expulsó de la escuela, mi padre parecía demasiado orgullos de mí como para sancionarme de la manera en que mi madre hubiera querido, así que dejó caer sobre mí la amenaza de que, si no enmderezaba el paso, me sacaría de la escuela privada para meterme en la secundaria 112, una secundaria de pública –o de gobierno, como las llamamos en mi ciudad. Yo no corregí el paso, antes bien lo aceleré para irme a anadar por las brechas sinuosas sembradas de prohibiciones rotas y, al final del año escolar, mis notas eran tan bajas en las pocas materias que había aprobado, que los padres maristas decidieron mostrarnos la puerta de salida como uin remedio para salvar al buen rebaño de mi nefasta influecia. Yo era el final del éxodo de al menos 4 estudiantes de mi generación con las que había establecido una de las amistades más duraderas de mi vida, ellas se fueron a otro colegio privado antes de terminar el año y yo, como castigo fui a parar a la Secundaria pública número 112. Me dolía no haber conseguido que mis padres me inscribieran en la misma escuela que mis amigas, pero justamente ellos trataban de evitar eso, que yo siguiera en el camino desordenado que había hecho con ellas.

Así que al terminar las vacaciones, vestida con mi uniforme gris a cuadros y mi suéter verde, me encontré en esa secundaria que yo había visto cada dia a lo largo de mi vida, ahora era una más de esa bandada de estudiantes uniformados que tanta incomodidad nos había causado siempre al pasar en auto frente a la secundaria.

alumnos_secundaria

Estaba parada en la entrada de la escuela cuando el timbre sonó a las 7:45 am, las hordas de adolescentes entramos con un murmullo descomunal, todo era inquietud y hormonas, empujones y risas, miradas uriosas, poco a poco los grupos fueron separándose ym, sguiiendo las instrucciones del altavoz, fuimos acomodándonos en flia según nuestra pertenencia, yo estaba en el 3ero E y allí, entre esta marea de jovenes ruidosos y uniformados, me descubrí sonriendo, sintiéndome por primera vez total y descaradamente ajena a la realidad, al parentezco y a los usos y costumbres que había tenido a lo largo de mi vida.

La rutina me trajo cosas sorprendentes, mi grupo estaba formado por casi 30 adolescentes con quienes pude entablar una buena relación casi inmediatamente y, en el 3C había una chica que había estudiado en el mismo colegio privado que yo y que había tenido el mismo castigo que yo, solamente que ella lo veía como una gran desgracia mientras yo no tenía ningún juicio al respecto. Ella pasó momentos infernales en esta escuela pero, lo que le agradezco de veras, fue que descubrió que los profesores comían en una pequeña cocineta propiedad de la conserje de la escuela; allí, la sonriente doña Renata preparaba almuerzos deliciosos que cobraba tan barato a los profesores, que nosotras pronto pudimos sentarnos a comer allí cada mañana, a eso de las 11. Recuerdo bien la estrecha mesa con forro de plástico de colores, clavada en una hondonada al final del patio de la escuela; recuerdo los chiles rellenos, las enfrijoladas, las sopas y los tamales que Doña Renata preparaba pero, sobre todo, recuerdo la extraña sensación de estar entre dos mundos, allí sentadas desafiando a los maestros de la escuela con nuestra mera presencia y separándonos de nuestros compañeros de clase por el mismo hecho de estar allí. Una brecha entre los dos mundos, un remiendo más de esta memoria pasajera que a veces me arroja a la realidad desde algún espejo empolvado.

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